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viernes, 14 de mayo de 2010

Millenium, Stieg Larsson.

Debo de ser de las pocas personas que todavía no habían leído a Stieg Larsson y, si no lo había hecho hasta ahora, desde luego que no era por falta de recomendaciones. Recuerdo perfectamente a mi compañera M. José contándonos lo enganchadísima que estaba a Los hombres que no amaban a las mujeres cuando apenas nadie en España hablaba de esa novela. M. José lo lee todo, a mí me encanta regalar libros, pero a ella nunca le regalaría uno, pienses lo que pienses ella lo tiene o lo ha leído. Unos meses después empecé a oír hablar mucho de esta novela, otra compañera nos contaba en el recreo mientras nos fumábamos un cigarro en la puerta del instituto, que había empezado la novela a las cuatro de la tarde tumbada en su terraza y que se había levantado del asiento a las tres de la mañana. Ante tanta recomendación, no cabía otra posibilidad más que leer la primera novela de una trilogía de la que ya estaba a la venta la segunda parte. Así que lo empecé y a las 20 páginas lo dejé totalmente aburrida. En otros momentos de mi vida he sido incapaz de no acabar un libro, aunque no me gustase nada. Ahora le concedo 20 páginas y si no me enganchan, los dejo, hay millones de obras interesantísimas que leer. Pasaron unos meses y yo no daba crédito a tan buena opinión sobre estas novelas, me hablaban de ellas personas que habitualmente no leen y que confesaban haberse enganchado completamente a la historia de Larsson, así que decidí comenzarla de nuevo. Llegué hasta la página 30, la dejé en la estantería y ahí se quedó durante meses. Hace 4 ó 5 semanas, Fran dormía y decidí ordenar un poquito el dormitorio. Recogí los libros que seguían fuera de su estantería y entre ellos me encontré con de nuevo con él. Lo cogí y lo empecé a hojear. Todavía tenía en la página 30 el papelito que marcaba que me había quedado por allí, lo quité y comencé a leer. Hace 2 semanas acabé La reina en el palacio de las corrientes de aire, el último tomo de la trilogía. Llevaba tiempo sin engancharme tanto a un libro. Salander me conquistó, necesitaba saber de ella y cómo acabaría su historia. Me parece un personaje fascinante. Uno de esos personajes a los que cualquier autor querría crear.
Reconozco que no soy una lectora asidua de novela negra. No me gusta demasiado el género, supongo que será por el enorme desconocimiento que tengo de él. Sin embargo estas novelas me han parecido cautivadoras y adictivas. Añade morbo a esta trilogía la historia de su autor: un periodista de una revista gran conocedor de la extrema derecha suecaal que le encantaba la novela negra y que falleció sin ver sus títulos publicados.
Los hombres que no amaban a las mujeres me presentó al típico periodista inteligente, guaperas y rodeado de mujeres Mikael Blomskvist, y me atrapó con la complicada personalidad de Lisbeth Salander. Además de hacerme reflexionar sobre el hecho de que haya tantas mujeres víctimas de violencia por parte de hombres, generalmente por aquellos hombres que la rodean y que deberían protegerla de cualquier sufrimiento.
La chica que soñaba con un bidón de gasolina y una cerilla ha sido la que más me ha gustado. Es aquí donde realmente conocí a esa mujer atrapada en un cuerpo de adolescente, y es aquí donde realmente comprendí su forma de ser y de actuar.
La reina en el palacio de las corrientes de aire ha sido el que menos me ha gutado, a pesar de eso lo leí en tan solo una semana. Creo que es el menos logrado y que le sobran 100 páginas, las explicaciones sobre la organización legal y constitucional de Suecia se podrían haber resuelto en menos páginas.
Recomiendo fervientemente la lectura de estas tres novelas que te envuelven en una trama que no deja de sorprenderte y que te hacen conocer de Suecia algo más que las tiendas Ikea.

martes, 19 de febrero de 2008

Mira si yo te querré, Luis Leante

Es algo indudable que el Premio Alfaguara de literatura lleva al Olimpo de la escritura a los que tienen la suerte de ganarlo. Luis Leante fue el galardonado con este premio en el año 2007, y desde que Mario Vargas Llosa lo llamó para comunicarle la grata noticia, ha dejado de ser conocido en su entorno, para convertirse en un escritor de renombre internacional. Esto no quiere decir que hasta Mira si yo te querré este nativo de Caravaca de la Cruz no hubiera hecho nada: tiene en su haber muchas más novelas, alguna obra de teatro, composiciones poéticas, guiones de cine... Sin embargo, su verdadera vocación no es la de escritor, sino la de profesor, e imparte sus clases de latín y griego en un instituto de Alicante. Ese mismo centro en el que, cuando ganó el premio, sus alumnos le aplaudían por los pasillos, sus compañeros le organizaban fiestas, y no dejaban de recibir llamadas de prestigiosos escritores que querían felicitarlo.

La novela es un puzzle que sólo el lector es capaz de reconstruir, puesto que la historia se nos presenta como una sucesión de capítulos, sin orden temporal, que nos ofrecen dos visiones distintas de una misma trama: la de Santiago, el legionario, y la de Montse, la médica de Urgencias de un hospital de Barcelona. Ella será la que dará comienzo a la historia cuando, al encontrarse con una fotografía de Santiago, su primer amor al que creía muerto, rompa con una vida llena de frustraciones y decida ir al Sahara a convertir su futuro en un reencuentro con su pasado.

La historia se ambienta en los campos de refugiados saharauis en la época actual. Pero los constantes flash-back, nos hacen conocer cómo vivieron los habitantes del Sahara la descolonización española que los dejó en manos de Marruecos y Mauritania. De ahí que, en la novela no sólo encontremos una historia de amor, sino un ferviente compromiso con la causa saharaui y un motivo de vergüenza para los gobiernos españoles que, desde que abandonaron a su suerte a este pueblo, no han hecho nada para solucionar el problema. Y es que no debemos olvidar que Luis Leante concibió esta novela después de visitar en dos ocasiones el Sahara.

No voy a entrar en detalles sobre el argumento porque de hacerlo estaría rompiendo la magia de una futura lectura que podáis realizar. Se han dicho verdaderas maravillas sobre la novela: que muestra de una forma muy realista el drama saharaui, que es una dramáticas y preciosa historia de amor, que crea a unos personajes con una fuerza arrebatadora, o que Luis Leante ha creado en ella su particular Macondo. Supongo que éste debe ser el comentario que más alague a su autor, al fin y al cabo, se ha declarado un ferviente admirador de la obra de Gabriel García Márquez.

Mañana, miércoles 20 de febrero, Luis Leante estará en Elche. Por la mañana acudirá al IES Pedro Ibarra para participar en el acto de presentación de un proyecto educativo-solidario que va a llevar a alumnos y profesores de éste y otros institutos al Sahara. Allí conocerán su cultura, su forma de vida, y les ayudarán con material educativo, alimentos... Y, a las 18h, acudirá al Palacio de Congresos de la ciudad para hablar de su novela. De modo que, si la habéis leído, verlo en persona y poder comentar con él vuestras impresiones sobre la lectura se puede convertir en fuente de enriquecimiento personal. Y, si no la habéis leído, escucharle hablar con tanta pasión de su obra, puede ser en el empujón definitivo para hacerlo.

Os espero.

martes, 10 de julio de 2007

La tregua, Mario Benedetti.

Hace unos días os mostraba un poema de Benedetti, "Dactilógrafo". En él, el autor uruguayo, haciendo uso de su experiencia como oficinista antes que escritor, mezclaba con gran maestría dos documentos aparentemente opuestos: una carta comercial y un nostálgico poema en el que recordaba su niñez en las calles de Montevideo. En esa misma temática se sitúa La tregua, que muestra también ese conocimiento del trabajo en una oficina, sin dejar de lado los sentimientos de los que trabajan en ella.

No voy a hacer aquí un estudio académico en el que deje de manifiesto su grandeza como obra literaria y en el que explique cómo, desde su aparición, se convirtió en un clásico de la literatura en lengua española, eso se lo dejo a otros que lo hacen mejor, (aquí tenéis algunos: la estrategia narrativa, el espacio y el tiempo, y alguno más general). Yo me quedo con relataros mis impresiones y sensaciones durante la lectura. Pero si queréis saber qué piensa el autor sobre esta novela, aquí tenéis una interesante entrevista al respecto.

No sé por qué, pero lo cierto es que he tenido el libro en la estantería durante muchos años. Tenía la impresión de que lo había leído en algún momento y que había pasado sin pena ni gloria por mi recuerdo. Pero cuando lo comencé a leer me percaté de que no lo había hecho, porque desde la primera linea me di cuenta de que, de haberlo leído, no se me podría haber olvidado. Porque entre esas páginas y mis sentimientos tuvo lugar una conexión especial que ha hecho que permanezca para siempre en mi corazón. Tras la última media hora de lectura, durante la cual no pude dejar de llorar, comenzaron a temblarme la piernas y no van a dejar de hacerlo hasta que no vacíe mi pecho de emociones en este post.

Los versos de Vicente Huidobro con los que comienza la novela ya dicen mucho de lo que narrará en sus páginas:

"Mi mano derecha es una golondrina
Mi mano izquierda es un ciprés
Mi cabeza por delante es un señor vivo
Y por detrás es un señor muerto."

Y es que esta novela, bajo la forma de un diario, nos muestra los sentimientos más íntimos de Martín Santomé, un montevideano de 49 años al que sólo le quedan unos meses para jubilarse. Viudo desde hace décadas saca adelante a sus tres hijos con su sueldo como oficinista. Atrapado en una vida gris, sin emoción, sin pasión, sin amor...

"Yo tendría que sentirme orgulloso de haber quedado viudo con tres hijos y haber salido adelante. Pero no me siento orgulloso, sino cansado. El orgullo es para cuando se tienen veinte o treinta años. Salir adelante con mis hijos era una obligación, el único escape para que la sociedad no se encarara conmigo y me dedicara la mirada inexorable que se reserva a los padres desalmados. No cabía otra solución y salí adelante. Pero todo fue siempre demasiado obligatorio como para sentirme feliz."


El gris de su vida se tornará un glorioso y luminoso color rosa con la llegada de Laura Avellaneda a la oficina:

"Porque la vida es muchas cosas (trabajo, dinero, suerte, amistad, salud, complicaciones) pero nadie va a negarme que cuando pensamos en esa palabra Vida, cuando decimos, por ejemplo "que nos aferramos a la vida", la estamos asimilando a otra palabra más concreta, más atractiva, más seguramente importante: la estamos asimilando al Placer. Pienso en el placer (cualquier forma de placer) y estoy seguro de que eso es vida."


Pero, al fin y al cabo, el estado de felicidad no es algo perpetuo.

"Yo necesito un Dios con quien dialogar, un Dios en quien pueda buscar amparo, un Dios que me responda cuando lo interrogo, cuando lo ametrallo con mis dudas. Si Dios es la Totalidad, la Gran Coherencia, si Dios es sólo la energía que mantiene vivo el Universo, si es algo tan inconmensurablemente infinito, ¿qué puede importarle de mí, un átomo malamente encaramado a un insignificante piojo de su Reino? No me importa ser un átomo del último piojo de su Reino, pero me importa que Dios esté a mi alcance, me importa asirlo, no con mis manos, claro, ni siquiera con mi razonamiento. Me importa asirlo con mi corazón."


Con un argumento basado en lo cotidiano, con un protagonista de 50 años que lleva una vida de hastío y aburrimiento, con historias normales de personajes normales, con un lenguaje de la calle cargado de lirismo, con la descripción de los sentimientos más cotidianos... este libro ha conseguido llegarme al alma y que entre nosotros se establezca una relación muy especial.

Lleno de anotaciones, de rayajos y de fragmentos subrayados, lo vuelvo a dejar en el lugar que ocupaba en la estantería. Ahora ya sé que lo he leído, y también sé que lo volveré a leer. No porque haya pasado sin pena ni gloria por mis recuerdos, sino porque en las palabras de Santomé siempre encontraré el sentido común que le hace falta al mundo en el que vivimos.

Gracias Mario.

sábado, 2 de junio de 2007

Entre visillos, Carmen Martín Gaite.

Tras la Guerra Civil muchos de los novelistas que habían comenzado unos años antes sus carreras salieron al exilio. Allí continuaron su carrera literaria, pero sus obras no llegaron a España hasta muchos años después, de modo que no pudieron servir de apoyo a los nuevos escritores que surgían en esos años. Los que se quedaron, llevados por las circunstancias políticas, escriben obras en las que, en la mayoría de los casos, no se hace ninguna mención de la guerra o la posguerra. Son obras que tienden al escapismo, adscritas a un realismo crudo al que se dio el nombre de “tremendismo”, y en las que se intuye cierta crítica social.

Con este panorama comienzan a escribir los autores que se han clasificado tradicionalmente como “Generación del medio siglo”. La mayoría de ellos tienen estudios universitarios y manifiestan una gran preocupación social. Se dan a conocer al gran público gracias a los premios literarios, sobre todo al Nadal. Casi todos comienzan sus andaduras literarias cultivando el relato breve. Y, tanto en esas primeras composiciones, como en las posteriores predomina la objetividad: realizan verdaderos retratos de lo que les rodea. Para ello recrean el habla coloquial; hacen aparecer en sus obras a personajes marginales, dedicados a oficios pobres (fábricas, minas, pesca…) o delincuentes; ambientan muchas de sus obras en el mundo rural; utilizan técnicas impresionistas; retratan el éxodo rural… En muchas ocasiones la historia es lo de menos, lo que realmente interesa es mostrar un retrato de la sociedad del momento. De ahí que a este tipo de novelas se le llame “novela objetivista”.

Entre visillos de Carmen Martín Gaite, publicado en 1957, es un ejemplo claro de este tipo de novelas. Refleja la vida de un grupo de chicas de una ciudad de provincias. La trama, la llegada de Pablo Klein, un atractivo profesor de alemán, y lo que ocurre a su alrededor, no es más que la excusa para mostrarnos la opresión que la sociedad provinciana ejerce sobre sus habitantes que ven la vida pasar a través de los visillos de sus ventanas sin tener la valentía de hacer nada.

El conformismo, el aburrimiento, la falta de imaginación, la desilusión… son características comunes a todas las chicas: Julia mantiene una relación a distancia con un chico que estudia cine en Madrid y al que no puede ir a visitar porque “estaría mal visto”, vive dejándose llevar por la conducta que le impone su tía y por lo que su novio desea de ella. Mercedes es su hermana, enamorada de Federico, un pretendiente de Julia, en lugar de hablarle directamente de sus sentimientos, se acerca a él con el pretexto de ayudarle en la conquista de su hermana. Elvira parece, a simple vista, la más lanzada y decidida de todas, sin embargo, el luto por la muerte de su padre y su falta de decisión, la condenarán a un matrimonio con un hombre al que no quiere, pero al que es capaz de dominar, en lugar de una vida más sincera junto al hombre del que está enamorada, Pablo Klein. Gertru, con tan sólo 17 años prepara su boda con un piloto de aviones. Sabe que el matrimonio no le traerá la felicidad, la privará de poder continuar estudiando en el instituto y de la compañía de Natalia. Natalia calla y no cuenta a su amiga que su novio está con otras chicas, ella sí continúa sus estudios en el instituto, enamorada de Pablo Klein, da la impresión de ser la única capaz de ser un día la que se lance a vivir su vida en lugar de verla pasar.

Es indudable el valor que esta novela tiene dentro de la historia de la literatura española, pero, al leerla uno se da cuenta de que no es solamente eso, un titulo de los que te aprendes cuando estudias literatura en el instituto; sino que se trata de una apasionante novela que te atrapa desde el primer momento, a pesar de que apenas pasa nada, apenas hay acción en ella. Pero la descripción de la cotidianidad, el objetivo retrato social, de unos personajes tan normales, te emocionan.

Carmen Martín Gaite ha sido y es una de las escritoras de mas éxito de los últimos años dentro y fuera de nuestras fronteras. Nació en Salamanca el 8 de diciembre de 1925. Escribió cuentos, obras de teatro, novelas, ensayos. Gracias a la calidad de su literatura, fue la primera mujer a la que se le concede el Premio Nacional de las Letras. Pero este no es el único premio en su haber, fue una de las personas más, y mejor, premiadas del mundo de la literatura; obtuvo el Príncipe de Asturias en 1988 compartido con el poeta gallego José Ángel Valente [1929-2000], el Premio Acebo de Honor en 1988 como reconocimiento a toda su obra, el Premio Castilla y León de las Letras en 1992, Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes en 1997, Pluma de Plata del Círculo de la Escritura otorgada en junio de 1999 , con su ensayo Usos amorosos de la posguerra española recibió en 1987 el Premio Anagrama de Ensayo y el Libro de Oro de los libreros españoles. En 2000 se le diagnostica un cáncer que cerca de mes y medio después acabará con su vida el 23 de julio en una clínica de Madrid.

martes, 17 de abril de 2007

La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón

Leí este libro por primera vez hace 2 ó 3 años. Durante ese verano llegaron a mis manos los "grandes éxitos editoriales del momento" (El último catón de Matilde Asensi, El Código da Vinci...), pero la verdad es que no me convenció ninguno de ellos, me parecieron, más que buenas novelas, buenos guiones de cine. Historias vacías que contaban lo que ocurría a unos personajes que parecían superhéroes en lugar de seres de carne y hueso. Relatos que se leen con avidez y que no invitan a la recreación lectora ni a la reflexión poslectora.

Fue mi amiga Verónica quien me lo regaló, y en su dedicatoria escribía, con cierto tono de escepticismo: "Espero que realmente el libro merezca tanto la pena como dicen". Y es que, ya se sabe, cuando nos machacan mucho con la idea de que algo es maravilloso, en el momento en que ese algo llega a nuestras manos suele defraudarnos muchísimo. Pero lo que ocurrió fue todo lo contrario.

Supongo que el mero hecho de que la novela comience haciendo referencia a un "Cementerio de Libros Olvidados" es algo que engancha a cualquier amante de la lectura. Pero lo interesante de La sombra del viento no es sólo eso: el retrato que ofrece de la Barcelona de posguerra, la amplia galería de personajes, la plasticidad de sus descripciones, los interesantes cambios de discurso, las historias cruzadas y paralelas... La intriga me enganchó y devoré la obra. La leí en 3 o 4 días y quedé embelesada, enamorada de la historia que contaba Zafón.

Me interesé por conocer más sobre su autor, Carlos Ruiz Zafón (aunque para ello no tuve que desentrañar oscuras y dolorosas historias como Daniel Sempere hace en su búsqueda de Julián Carax). Descubrí lo que todo el mundo sabe, que ésta es su primera novela para adultos y que pretende ser también la primera de una tetralogía sobre la Barcelona de posguerra; que ha escrito guiones de cine y novela juvenil; que le habían hecho ofertas para llevar la novela al cine y que no había aceptado. Pero descubrí también el gran negocio que en torno a este autor y a sus obras ha montado la editorial Planeta, que entre otras cosas ha comprado los derechos de sus novelas anteriores a editoriales que realizaban ediciones baratas que se leían en los institutos por alumnos de la ESO, y ahora las edita con un precio muy superior y con tapas duras. Muestra de este gran negocio es una página exclusiva de la obra con juego incluido a lo Harry Potter.

Ahora, más por obligación que por devoción, he releído la novela, y me ha vuelto a enganchar. Y aunque reconozco que esta vez me ha resultado un poco "folletinesca" y predecible, una novela en la que los malos son muy malos y los buenos muy buenos; me ha vuelto a conquistar el dominio de la prosa que demuestra su autor, el perfecto retrato de espacios, el lirismo en la expresión de los sentimientos, el acierto en la caracterización de los personajes... el buen sabor de boca que te deja su lectura y el sentimiento de agradecimiento ante un autor que no se deja llevar por la moda de griales, templarios, masones y evangelios apócrifos.

lunes, 26 de febrero de 2007

La trampa del arenal, Margarita Nelken

Margarita Nelken nació en Madrid en 1894. Y, aunque su gran vocación fue siempre la pintura (pintó, escribió ensayos sobre grandes pintores, dio conferencias y charlas sobre este arte, realizó críticas sobre cuadros y exposiciones...), hoy nos acercamos a ella en su faceta de escritora.

Si tenemos que resaltar un rasgo de su personalidad, sin duda, hay que elegir su compromiso social. Un compromiso que le lleva, en los años 20, a ser una de la líderes del feminismo en España. Pero su defensa de la causa feminista no deja de lado el papel de la mujer como madre: para ella la esencia femenina es una mezcla de constructo social y naturaleza. Luchó por la emancipación femenina, pero siempre partiendo de la defensa de la maternidad; y, aunque, aparentemente, esto pueda resultarnos contradictorio, no lo es: ella revisa las ideas tradicionales sobre la relación de la mujer con su cuerpo, pero no niega que exista dicha relación, y esa característica fisiológica es perfectamente compatible con la emancipación de la mujer.

Centra su lucha en lo que considera la principal necesidad de la mujer de su tiempo: la educación. Considera que la mujer debe conocer su sexualidad y debe saber como mejorar su higiene sexual. Otros temas que le preocupan son la desigualdad salarial, la prostitución, la situación de las madres solteras o de los hijos ilegítimos, la igualdad jurídica de hombre y mujeres... Temas que aborda en un ensayo anterior a la obra que hoy nos ocupa, titulado La condición social de la mujer en España.

En los años 30 se afilió al Partido Socialista, y este hecho marcará un cambio con respecto a su feminismo. El partido pensaba que la reforma de las mujeres era un logro más de los que se obtendrían con la reforma socialista que tenía que llegar. Esto hizo que Nelken se centrara más en la lucha por la revolución social, y que abandonara la reivindicación directa de género. La llegada de la Guerra Civil en 1934 y su afiliación ahora al Partido Comunista, hará que se convierta en el modelo de mujer revolucionaria implicada en una lucha por el bien común. Su participación en la Guerra fue, además, muy importante, puesto que. como en esa época era diputada, tuvo poder militar durante la contienda. Defendió la labor de la mujer en la retaguardia con una gran disciplina de partido, aunque ella estuvo en el frente hasta el final. Muy significativa a este respecto, y quizás su imagen más famosa, es la foto en la que se observa a Nelken vestida de miliciana con su fusil al cinto. (Esta imagen pertenece al libro de Antonina Rodrigo, Mujeres para la historia)


Con el fin de la Guerra llegó el exilio en México, donde vivió hasta 1968, año en el que murió. Donde siguió escribiendo y cultivó su gran pasión: la pintura.

La trampa del arenal es su única novela. Fue publicada en 1924 y en ella nos cuenta la historia de la vida de Luis, un hombre perteneciente a la burguesía que deja el pueblo para estudiar en Madrid. Allí conoce a Salud, una chica sin recursos económicos que trabaja en una papelería donde disfruta soñando que un día será como esas señoras adineradas que van a comprar allí. Luis la pretende, sin mucho éxito al principio, pero la chica pierde el trabajo, y su única opción de salir adelante es aceptar ser la mantenida de un policía. De modo que acepta los requerimientos de Luis. Comienzan sus relaciones con intereses muy distintos: él pretende que aquello se quede en una simple aventura, pero ella quiere algo más. Algo que consigue cuando se queda embarazada.

Cuando la familia de él se entera de lo sucedido, hace que su hijo actúe con responsabilidad y se case con ella. Luis les promete que acabará los estudios, pero nunca lo hará. Su vida se transforma en una pesadilla: vive atrapado en un trabajo que odia y su mujer ha perdido sus imitadas formas burguesas y lo trata con desprecio; en definitiva, siente que se ha equivocado y que esa no es la vida que quiere vivir, aunque se siente condenado a esa rutina eternamente.

En este estado de desesperación conoce a Libertad, su vecina de al lado. Le llama mucho la atención su aspecto andrógino, el hecho de que siempre vaya sola, su independencia... Poco a poco establece una relación de confianza con ella, y se va dando cuenta de que ese es el tipo de relación que le gustaría tener con su esposa, que esa es la esposa que querría tener. Su padre ha muerto y Salud está en el pueblo consolando a María del Rosario, la madre de Luis; y eso le permite establecer esta amistad con su vecina.

A la vuelta de Salud, obligatoriamente la relación se enfría. La hija del matrimonio cae gravemente enferma y Luis permanece a su lado cada segundo. Cuando estos días negros pasan, Luis busca a Libertad sin encontrarla, y cuando lo hace, ésta le dice que se va a trabajar a París, que esa situación no puede seguir adelante y que lo esperará allí. Luis sabe que esa es la despedida de sus anhelos, y confirmará esa sensación cuando, a la vuelta a casa, Salud le diga que está de nuevo embarazada.

La novela nos muestra una galería de las mujeres de la época. Estableciendo una relación entre la obra y la postura ideológica de Margarita Nelken durante los años 20, debemos prestar especial atención a estas mujeres:
  • María del Rosario encarna a la burguesa tradicional. Es una mujer autoritaria que ha sabido dirigir su hogar y que asume un papel de retiro a la muerte de su esposo. Cuando él muere y se da cuenta de que está en la ruina, se niega a que sus hijas estudien para poder tener un trabajo que les permita la independencia económica; asume que tiene que esconder su vergüenza retirándose a una casa más pequeña, sin más.

  • Encarna, la amiga de Salud, mantenida de un señor rico y que los visita asiduamente, representa aquello en lo que se podría haber convertido Salud de haber optado por ser la mantenida de un policía. En ocasiones, la esposa de Luis manifiesta su agrado ante la forma de vida, llena de lujos, que lleva su amiga.

  • Salud es la mujer capaz de todo si con ello consigue lo que quiere. Y lo que ella anhela desde el primer momento es un ascenso social. Luis es el medio para conseguirlo y lo utiliza, aun sabiendo que con ello convertirá al chico en un hombre desgraciado cuya vida no tiene sentido. Utiliza la maternidad como el medio para que su marido esté a su lado, y asustada por la enfermedad de su hija, que lo es todo para ella (principalmente su visado para una vida burguesa), queda de nuevo embarazada, anulando así todas las expectativas de libertad de Luis.

  • Libertad, su vecina, representa, como su propio nombre indica, la libertad para Luis. Pero los convencionalismos vencen a la camaradería y al amor que hay entre ellos. Ella es una mujer independiente, autosuficiente, que se ha hecho a sí misma. Pero le falta algo: un hijo. En una ocasión ella comenta que lo único que le ha quedado por hacer en la vida es haber sido madre, y esto casa con las ideas de Nelken acerca de la maternidad. Quizás con esto, la autora nos quería demostrar que los hijos que para Salud son sólo moneda de cambio, para Libertad hubieran representado su realización completa como mujer; porque, al fin y al cabo, y como dice esa famosa frase, "el mundo está mal repartido".
Animaros a leerla.