martes, 10 de julio de 2007

La tregua, Mario Benedetti.

Hace unos días os mostraba un poema de Benedetti, "Dactilógrafo". En él, el autor uruguayo, haciendo uso de su experiencia como oficinista antes que escritor, mezclaba con gran maestría dos documentos aparentemente opuestos: una carta comercial y un nostálgico poema en el que recordaba su niñez en las calles de Montevideo. En esa misma temática se sitúa La tregua, que muestra también ese conocimiento del trabajo en una oficina, sin dejar de lado los sentimientos de los que trabajan en ella.

No voy a hacer aquí un estudio académico en el que deje de manifiesto su grandeza como obra literaria y en el que explique cómo, desde su aparición, se convirtió en un clásico de la literatura en lengua española, eso se lo dejo a otros que lo hacen mejor, (aquí tenéis algunos: la estrategia narrativa, el espacio y el tiempo, y alguno más general). Yo me quedo con relataros mis impresiones y sensaciones durante la lectura. Pero si queréis saber qué piensa el autor sobre esta novela, aquí tenéis una interesante entrevista al respecto.

No sé por qué, pero lo cierto es que he tenido el libro en la estantería durante muchos años. Tenía la impresión de que lo había leído en algún momento y que había pasado sin pena ni gloria por mi recuerdo. Pero cuando lo comencé a leer me percaté de que no lo había hecho, porque desde la primera linea me di cuenta de que, de haberlo leído, no se me podría haber olvidado. Porque entre esas páginas y mis sentimientos tuvo lugar una conexión especial que ha hecho que permanezca para siempre en mi corazón. Tras la última media hora de lectura, durante la cual no pude dejar de llorar, comenzaron a temblarme la piernas y no van a dejar de hacerlo hasta que no vacíe mi pecho de emociones en este post.

Los versos de Vicente Huidobro con los que comienza la novela ya dicen mucho de lo que narrará en sus páginas:

"Mi mano derecha es una golondrina
Mi mano izquierda es un ciprés
Mi cabeza por delante es un señor vivo
Y por detrás es un señor muerto."

Y es que esta novela, bajo la forma de un diario, nos muestra los sentimientos más íntimos de Martín Santomé, un montevideano de 49 años al que sólo le quedan unos meses para jubilarse. Viudo desde hace décadas saca adelante a sus tres hijos con su sueldo como oficinista. Atrapado en una vida gris, sin emoción, sin pasión, sin amor...

"Yo tendría que sentirme orgulloso de haber quedado viudo con tres hijos y haber salido adelante. Pero no me siento orgulloso, sino cansado. El orgullo es para cuando se tienen veinte o treinta años. Salir adelante con mis hijos era una obligación, el único escape para que la sociedad no se encarara conmigo y me dedicara la mirada inexorable que se reserva a los padres desalmados. No cabía otra solución y salí adelante. Pero todo fue siempre demasiado obligatorio como para sentirme feliz."


El gris de su vida se tornará un glorioso y luminoso color rosa con la llegada de Laura Avellaneda a la oficina:

"Porque la vida es muchas cosas (trabajo, dinero, suerte, amistad, salud, complicaciones) pero nadie va a negarme que cuando pensamos en esa palabra Vida, cuando decimos, por ejemplo "que nos aferramos a la vida", la estamos asimilando a otra palabra más concreta, más atractiva, más seguramente importante: la estamos asimilando al Placer. Pienso en el placer (cualquier forma de placer) y estoy seguro de que eso es vida."


Pero, al fin y al cabo, el estado de felicidad no es algo perpetuo.

"Yo necesito un Dios con quien dialogar, un Dios en quien pueda buscar amparo, un Dios que me responda cuando lo interrogo, cuando lo ametrallo con mis dudas. Si Dios es la Totalidad, la Gran Coherencia, si Dios es sólo la energía que mantiene vivo el Universo, si es algo tan inconmensurablemente infinito, ¿qué puede importarle de mí, un átomo malamente encaramado a un insignificante piojo de su Reino? No me importa ser un átomo del último piojo de su Reino, pero me importa que Dios esté a mi alcance, me importa asirlo, no con mis manos, claro, ni siquiera con mi razonamiento. Me importa asirlo con mi corazón."


Con un argumento basado en lo cotidiano, con un protagonista de 50 años que lleva una vida de hastío y aburrimiento, con historias normales de personajes normales, con un lenguaje de la calle cargado de lirismo, con la descripción de los sentimientos más cotidianos... este libro ha conseguido llegarme al alma y que entre nosotros se establezca una relación muy especial.

Lleno de anotaciones, de rayajos y de fragmentos subrayados, lo vuelvo a dejar en el lugar que ocupaba en la estantería. Ahora ya sé que lo he leído, y también sé que lo volveré a leer. No porque haya pasado sin pena ni gloria por mis recuerdos, sino porque en las palabras de Santomé siempre encontraré el sentido común que le hace falta al mundo en el que vivimos.

Gracias Mario.

9 comentarios:

A. dijo...

En mi estantería también me espera, con su tono azul, algo triste, mi ejemplar de "La tregua". Me espera, de vez en cuando, si deseo escuchar la nostalgia y el abatimiento de Santomé. Pero Santomé es siempre Benedetti, siempre Montevideo. Cuando lo miro allá, tan azul, entre mis otros libros, parece devolverme una mirada paciente, casi comprensiva, y entonces sé que soy yo quien le espera.

Gracias por tu artículo, Pinayara!

Javier Villegas dijo...

No se mayor cosa de este escritor, pero gracias a tú post, veré como leo alguno de sus escritos.Saludos

Pinayara dijo...

Gracias por vuestros comentarios:

a. Tuve la oportunidad de conocer a Mario Benedetti hace unos 6 ó 7 años, (bueno, lo de conocer es una exageración, apenas hablamos unos minutos y sobre los temas más frívolos que te puedas imaginar). Fue en un curso de “Literatura cubana” que dirigió en la Universidad de Alicante. Y tienes razón, no sé nada de Mario, no conozco su personalidad, pero siento que hay mucho de él en Santomé. Como también hay mucho Montevideo, ¡qué duro debe ser vivir tantos años fuera de tu tierra!
Me alegra compartir contigo esa sensación mágica que me produjo la lectura de “La tregua”.

Javier. Si no conoces nada de su obra, tienes que leer alguno de sus escritos, porque te encantarán. Gracias a ellos he conocido Montevideo bajo el prisma de un escritor fabuloso.

A. dijo...

No me considero un idólatra pero... ¿hablaste con él? Jejeje debió ser estupendo! El resto de los mortales nos conformamos con alguna que otra entrevista trasnochada, ya sabes.

Pinayara dijo...

Yo estudié Filología Hispánica en la Universidad de Alicante, y el departamento de Literatura Hispanoamericana de mi facultad siempre ha mantenido muy buena relación con Benedetti. En el mes de julio de 1999, si no recuerdo mal, se organizó un curso que él dirigía, duro 15 días y él estaba presente en las conferencias y ponencias prácticamente todos los días. Nosotros, los estudiantes, nos acercábamos a el pidiéndole que nos firmara libros y contándole lo que nos habían impresionado sus poemas. El se acercaba a nosotros preguntándonos nuestras impresiones sobre las conferencias, cómo nos iba la carrera, o, simplemente, hablando del calor que hacía en esos días estivales.
Después de eso he ido a verlo cada vez que ha venido a Alicante: recitales, conferencias, charlas… siempre lo saludo con un tímido “hola” que él me devuelve, pero, ya está, no sabe quién soy, ni quién era; soy una más de las personas que lo observan casi con devoción. Yo lo escuchaba pensando que era el abuelo que a todos nos gustaría tener, y no sé por qué tenía esa sensación.
La última vez que me enteré de que venía a Alicante fue hace tres años, así que me matriculé en un curso sólo para ver su conferencia y posterior recital. Pero no lo pude ver, ya estaba muy mayor y no pudo venir. Ya no ha vuelto a esta ciudad que tanto lo quiere.
Y ésta es mi historia (ya te dije que lo de “conocerlo” era una exageración)

a. dijo...

¿Y quién no ama Valencia? :)
Yo le descubrí tarde, lo reconozco, e ignoro si alguna vez se pasó por Madrid (seguramente lo hizo). Creo que en cualquier caso perdí mi oportunidad!

Javier Villegas dijo...

Ok Pina, ya lo tendré en cuenta para enterarme de Montevideo tal y como tú lo has hecho, ya te agregué a mis links.Saludos

Laura dijo...

Yo soy brasileña y conoci cuentos de Benedetti hace poco, pero me enamoré por el autor y, entonces conoci La Tregua. Nunca más voy abandonarle.

Laura dijo...

Conoci Benedetti (sus cuentos) hace pocos meses, pero conoci La Tregua y creo que nunca más voy abandonarle.