Noche cerrada. Prisionera de su esfera de silencio y armonía, dormía ajena a aquello que no fuera tranquilidad y descanso.
-Las cuatro y cuarto. Otra vez.
Lo cogió y lo acercó a su pecho. No lo miró. Cerró los ojos y dormitó en silencio, dejándose mecer por las abrazadoras redes del duermevela.
-Las cuatro y media. Ya está.
Lo dejó y lo arropó. Lo miró. Él sonrió.
- ¡Cómo te quiero! Buenas noches, mi amor.
Con la ternura en su piel, volvió a la cama. Tumbada, con los ojos abiertos, se emocionó al pensar en la grandeza de la belleza de aquella sonrisa.
jueves, 11 de marzo de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
Anatomía de un instante, Javier Cercas.
Anteayer no vi la televisión, así que me perdí la imagen que todos los 23 de febrero aparece en todos los informativos: Tejero pegando tiros a su entrada en el Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981. ¿Qué hacíais ese día? Esa es la pregunta que todos se hacen cuando ven a los diputados escondidos bajo sus escaños, a Suárez y a Carrillo sentados con cara de asombro y a un señor mayor que se encara a unos guardias civiles que disparan al aire.Yo no tenía todavía 4 años, pero me acuerdo perfectamente: Mi madre estaba embarazada de mi hermana y yo estaba con ella en una tienda de decoración y menaje. La radio estaba puesta. Yo no entendía nada, pero recuerdo la barrigota de mi madre y la de la dueña, que también estaba embarazada, y sus caras de susto. Con el tiempo entendí el gesto de las dos: el marido de la dependienta era un militante del Partido Comunista conocidísimo en el pueblo.
Luego, vas creciendo y oyendo cómo tu tío te cuenta que escondió todos libros de “rojos” que tenía por casa o cómo el marido de una prima negoció con el capitán de un barco pesquero su salida del país si la cosa iba a mayores. Pero, a pesar de conocer estas historias, no dejaba de sorprenderme que la gente permaneciera en sus casas, callados, escondidos, esperando un desenlace, que nadie saliera a la calle a reivindicar la libertad y la paz que poco a poco estaban consiguiendo y que aquella noche se les estaba escapando de las manos. He encontrado la respuesta a esto en mi última lectura:
"Durante la transición poca gente olvidó en España, y el recuerdo de la guerra estuvo más presente que nunca en la memoria de la clase política y de la ciudadanía; ésa es precisamente una de las razones por las que nadie o casi nadie se opuso al golpe del 23 de febrero: durante aquellos años todos deseaban evitar a cualquier precio el riego de repetir la salvaje orgía de sangre ocurrida cuarenta años atrás, y todos trasmitieron ese deseo a una clase política que era sólo su reflejo."
Luego, vas creciendo y oyendo cómo tu tío te cuenta que escondió todos libros de “rojos” que tenía por casa o cómo el marido de una prima negoció con el capitán de un barco pesquero su salida del país si la cosa iba a mayores. Pero, a pesar de conocer estas historias, no dejaba de sorprenderme que la gente permaneciera en sus casas, callados, escondidos, esperando un desenlace, que nadie saliera a la calle a reivindicar la libertad y la paz que poco a poco estaban consiguiendo y que aquella noche se les estaba escapando de las manos. He encontrado la respuesta a esto en mi última lectura:
"Durante la transición poca gente olvidó en España, y el recuerdo de la guerra estuvo más presente que nunca en la memoria de la clase política y de la ciudadanía; ésa es precisamente una de las razones por las que nadie o casi nadie se opuso al golpe del 23 de febrero: durante aquellos años todos deseaban evitar a cualquier precio el riego de repetir la salvaje orgía de sangre ocurrida cuarenta años atrás, y todos trasmitieron ese deseo a una clase política que era sólo su reflejo."
El fragmento pertenece a Anatomía de un instante de Javier Cercas, un documentado ensayo que analiza con toda profundidad los entresijos del golpe, las implicaciones de militares, políticos y civiles en el mismo, la función del rey y, principalmente, la actuación de Adolfo Suárez.
Yo era muy pequeña cuando ocurrió y tenía una imagen muy distorsionada de los hechos. Reconozco que, el no conocer el ambiente de crispación anterior al golpe, pensaba que los golpistas no habían sido más que un par de locos sin demasiados apoyos. Mi sorpresa ha sido descubrir que todo el mundo quería un cambio político, todos querían un golpe de estado, el problema es que cada uno quería un golpe distinto. Suárez era muy consciente de que era un político acabado y que no contaba con casi ningún apoyo, Cercas recoge una anécdota que lo muestra con mucha claridad:
"…según el propio Suárez recordó en público a la muerte del general éste le dijo tras un diálogo de postrimerías o un inventario de reveses y deserciones: “Dime la verdad, presidente: aparte del Rey, de ti y de mí, ¿hay alguien que esté con nosotros?”"
Yo era muy pequeña cuando ocurrió y tenía una imagen muy distorsionada de los hechos. Reconozco que, el no conocer el ambiente de crispación anterior al golpe, pensaba que los golpistas no habían sido más que un par de locos sin demasiados apoyos. Mi sorpresa ha sido descubrir que todo el mundo quería un cambio político, todos querían un golpe de estado, el problema es que cada uno quería un golpe distinto. Suárez era muy consciente de que era un político acabado y que no contaba con casi ningún apoyo, Cercas recoge una anécdota que lo muestra con mucha claridad:
"…según el propio Suárez recordó en público a la muerte del general éste le dijo tras un diálogo de postrimerías o un inventario de reveses y deserciones: “Dime la verdad, presidente: aparte del Rey, de ti y de mí, ¿hay alguien que esté con nosotros?”"
Gutiérrez Mellado, pues ese era el general al que se refiere Cercas, no sabía que ni siquiera el Rey estaba con ellos. Él, como todos los políticos, todos los periodistas, todos los militares y todos los civiles, hablaban de la posibilidad de un gobierno de unidad liderado por un militar y compuesto por políticos de todos los partidos que solucionaran la pésima situación de España. Todos excepto Carrillo, que nunca entró en este juego de especulaciones.
Unos cuantos militares, enredados por la verborrea del que había sido Jefe de la Casa Real, el General Armada, pusieron en marcha aquello que todo el mundo esperaba, el cambio. La imagen que todos tenemos del golpe es la entrada al hemiciclo de Tejero, que de tanto ver ridiculizado en botijos, consideramos un loco que se fue allí con su pistola y sin muchos más apoyos que los pocos guardias civiles que lo acompañaban, pero…
Unos cuantos militares, enredados por la verborrea del que había sido Jefe de la Casa Real, el General Armada, pusieron en marcha aquello que todo el mundo esperaba, el cambio. La imagen que todos tenemos del golpe es la entrada al hemiciclo de Tejero, que de tanto ver ridiculizado en botijos, consideramos un loco que se fue allí con su pistola y sin muchos más apoyos que los pocos guardias civiles que lo acompañaban, pero…
"… Tejero no era en absoluto un chiflado de verbena (…) era un idealista dispuesto a convertir en realidad sus ideales, dispuesto a mantener a cualquier precio la lealtad a quienes consideraba los suyos, dispuesto a imponer el bien y a eliminar el mal por la fuerza (…)Si Tejero hubiese sido un enajenado no hubiera preparado durante meses y llevado a cabo con éxito una operación tan compleja y peligrosa como la toma del Congreso, no hubiera conseguido mantener el control casi absoluto que mantuvo del secuestro durante las diecisiete horas y media que duró, no hubiera sabido jugar sus bazas ni hubiera maniobrado para conseguir sus objetivos con la serena racionalidad con que lo hizo; si hubiera sido un enajenado, si hubiera llevado su locura hasta el final, tal vez el secuestro del Congreso hubiera acabado con una degollina y no con la negociación con la que acabó una vez que tuvo la certeza de que el golpe había fracasado."
Suárez era un político que ya había cumplido el papel que el Rey deseaba, pero su ambición de poder le hizo presentarse a unas elecciones políticas, posiblemente porque deseaba saber que podía ser un presidente legitimado por el pueblo y no puesto a dedo por el monarca. Pero tras ganarlas su política llevó al país a una situación desesperada en lo económico y en lo social. Fijaos en las palabras de Cercas:
"Fue Fernández Miranda quien (…) convenció al Rey de que al menos para sus propósitos de entonces aquellas características personales de Suárez no eran defectos sino virtudes: necesitaban a un chisgarabís servicial y ambicioso porque su servilismo y su ambición garantizaban una lealtad absoluta, y porque su falta de relevancia y de proyecto político definido o de ideas propias garantizaban que aplicaría sin desviarse las que ellos le dictaran y que, una vez realizada su misión, podrían prescindir de él tras agradecerle los servicios prestados; necesitaban a un gallito falangista con su temple porque sólo un gallito falangista con su temple, joven, duro, rápido, flexible, decidido y correoso, sería capaz de aguantar primero las embestidas feroces de los falangistas y los militares y de mantenerlos a raya después; necesitaban a un tipo simpático porque debería seducir a medio mundo y a un tipo trapacero porque debería embaucar al otro medio."
Y el Rey acertó en su elección, porque Suárez se ganó todos los apoyos posibles para llevar a cabo la transición a la democracia. El golpe de estado le hizo abandonar la política durante unos meses y, cuando todo el mundo pensaba que ya había desaparecido del panorama político, unos meses antes de las elecciones reapareció con un nuevo partido político, el CDS. Ahora contaba con la serenidad de saber lo que es el poder, con el conocimiento de los entresijos de la democracia y con unos ideales políticos que poco a poco había ido fraguando. Pero no convenció, los votantes consideraron que su papel en la historia ya estaba acabado y el partido terminó por desaparecer.
En los años 90 comenzó una especie de mitificación de la transición y de todos aquellos que intervinieron en ella, entre ellos la de Adolfo Suárez. En estos momentos atravesaba una situación personal difícil, su hija y su mujer pasaron por largas enfermedades que las llevaron a la muerte…
"… Y fue justo entonces cuando ocurrió. Fue justo entonces, en el momento quizá más oscuro de su vida, cuando llegó lo inevitable, el anhelado reconocimiento público, la oportunidad de que todos le agradecerían el sacrificio de su honor y su conciencia por el país, el humillante aquelarre nacional de la compasión, era el gran hombre abatido por la desgracia y ya no molestaba a nadie ni podía hacerle sombra a nadie ni volvería jamás a la política y podía ser usado por unos y por otros y convertido en el perfecto paladín de la concordia, en el as invicto de la reconciliación, en el hacedor sin mácula del cambio democrático, en una estatua viviente apta para escudarse tras ella y asear conciencias y calzar instituciones tambaleantes y exhibir sin pudor la satisfacción del país con su pasado inmediato y organizar escenas wagnerianas de gratitud con el prócer caído, empezaron a lloverle homenajes, galardones, distinciones honoríficas, recuperó la amistad con el Rey, la confianza de sus sucesores en la presidencia del gobierno, el favor popular, consiguió todo lo que había deseado y previsto aunque todo fuese un poco falso y forzado y apresurado y sobre todo tardío, porque para entonces él ya se estaba yendo o se había ido y apenas alcanzaba a contemplar su desplome personal sin entenderlo demasiado y a mendigar de quien se cruzaba en su camino una oración por su mujer y por su hija."
El 23 de febrero de 1981 se celebraba en el Congreso la votación que haría presidente del gobierno a Leopoldo Calvo Sotelo. Suárez, ante la posibilidad de salir del hemiciclo como consecuencia de una moción de censura de los socialistas, dimitió de su cargo meses antes. Calvo Sotelo es, para mí, el gran desconocido, apenas puedo decir nada de él ni de su breve período al frente del país, pero gracias a Cercas he descubierto algunas cosas:
"El golpe de estado, se ha dicho a menudo, fue la vacuna más eficaz contra otro golpe de estado, y es cierto: tras el 23 de febrero el gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo invirtió billones en modernizar las Fuerzas Armadas y realizó una purga en profundidad (…) y, aunque después de 1981 hubo todavía varios intentos de rebelión militar, lo cierto es que fueron organizados por una minoría cada vez más excéntrica y aislada, porque el 23 de febrero no sólo desacreditó a los golpistas ante la sociedad, sino también ante sus propios compañeros de armas, precipitando de esa forma el final d e una tradición de dos siglos de golpes militares. Apenas tres meses después del 23 de febrero, el gobierno firmó el tratado de adhesión a la OTAN que durante años Suárez se había negado a firmar, lo que tranquilizó a Estados Unidos, contribuyó a civilizar al ejército poniéndolo en contracto con ejércitos democráticos e incrustó de lleno al país en el bloque occidental. Poco más tarde, a principios de junio, el gobierno, los empresarios y los sindicatos, con el apoyo de otros partidos políticos y una intención semejante a la que animó los Pactos de la Moncloa, firmaron un Acuerdo Nacional de Empleo que frenó la destrucción diaria de miles de puestos de trabajo, redujo la inflación y supuso el inicio de una serie de cambios que anunciaban el principio de la recuperación económica de los ochenta. Y al cabo de un mes y medio el gobierno y la oposición firmaron entre grandes protestas nacionalista la llamada LOAPA, una ley orgánica que amparándose en la necesidad de racionalizar el estado autonómico intentó poner reno a la descentralización del estado. Los terroristas no dejaron de matar, desde luego, pero es un hecho que después del golpe la actitud del país frente a ellos cambió, la izquierda se esmeró en arrebatarles las coartadas que les había entregado, las Fuerzas Armadas empezaron a notar la solidaridad de la sociedad civil y los gobiernos empezaron a luchar contra ETA con instrumentos que Suárez nunca se atrevió a utilizar."
En los años 90 comenzó una especie de mitificación de la transición y de todos aquellos que intervinieron en ella, entre ellos la de Adolfo Suárez. En estos momentos atravesaba una situación personal difícil, su hija y su mujer pasaron por largas enfermedades que las llevaron a la muerte…
"… Y fue justo entonces cuando ocurrió. Fue justo entonces, en el momento quizá más oscuro de su vida, cuando llegó lo inevitable, el anhelado reconocimiento público, la oportunidad de que todos le agradecerían el sacrificio de su honor y su conciencia por el país, el humillante aquelarre nacional de la compasión, era el gran hombre abatido por la desgracia y ya no molestaba a nadie ni podía hacerle sombra a nadie ni volvería jamás a la política y podía ser usado por unos y por otros y convertido en el perfecto paladín de la concordia, en el as invicto de la reconciliación, en el hacedor sin mácula del cambio democrático, en una estatua viviente apta para escudarse tras ella y asear conciencias y calzar instituciones tambaleantes y exhibir sin pudor la satisfacción del país con su pasado inmediato y organizar escenas wagnerianas de gratitud con el prócer caído, empezaron a lloverle homenajes, galardones, distinciones honoríficas, recuperó la amistad con el Rey, la confianza de sus sucesores en la presidencia del gobierno, el favor popular, consiguió todo lo que había deseado y previsto aunque todo fuese un poco falso y forzado y apresurado y sobre todo tardío, porque para entonces él ya se estaba yendo o se había ido y apenas alcanzaba a contemplar su desplome personal sin entenderlo demasiado y a mendigar de quien se cruzaba en su camino una oración por su mujer y por su hija."
El 23 de febrero de 1981 se celebraba en el Congreso la votación que haría presidente del gobierno a Leopoldo Calvo Sotelo. Suárez, ante la posibilidad de salir del hemiciclo como consecuencia de una moción de censura de los socialistas, dimitió de su cargo meses antes. Calvo Sotelo es, para mí, el gran desconocido, apenas puedo decir nada de él ni de su breve período al frente del país, pero gracias a Cercas he descubierto algunas cosas:
"El golpe de estado, se ha dicho a menudo, fue la vacuna más eficaz contra otro golpe de estado, y es cierto: tras el 23 de febrero el gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo invirtió billones en modernizar las Fuerzas Armadas y realizó una purga en profundidad (…) y, aunque después de 1981 hubo todavía varios intentos de rebelión militar, lo cierto es que fueron organizados por una minoría cada vez más excéntrica y aislada, porque el 23 de febrero no sólo desacreditó a los golpistas ante la sociedad, sino también ante sus propios compañeros de armas, precipitando de esa forma el final d e una tradición de dos siglos de golpes militares. Apenas tres meses después del 23 de febrero, el gobierno firmó el tratado de adhesión a la OTAN que durante años Suárez se había negado a firmar, lo que tranquilizó a Estados Unidos, contribuyó a civilizar al ejército poniéndolo en contracto con ejércitos democráticos e incrustó de lleno al país en el bloque occidental. Poco más tarde, a principios de junio, el gobierno, los empresarios y los sindicatos, con el apoyo de otros partidos políticos y una intención semejante a la que animó los Pactos de la Moncloa, firmaron un Acuerdo Nacional de Empleo que frenó la destrucción diaria de miles de puestos de trabajo, redujo la inflación y supuso el inicio de una serie de cambios que anunciaban el principio de la recuperación económica de los ochenta. Y al cabo de un mes y medio el gobierno y la oposición firmaron entre grandes protestas nacionalista la llamada LOAPA, una ley orgánica que amparándose en la necesidad de racionalizar el estado autonómico intentó poner reno a la descentralización del estado. Los terroristas no dejaron de matar, desde luego, pero es un hecho que después del golpe la actitud del país frente a ellos cambió, la izquierda se esmeró en arrebatarles las coartadas que les había entregado, las Fuerzas Armadas empezaron a notar la solidaridad de la sociedad civil y los gobiernos empezaron a luchar contra ETA con instrumentos que Suárez nunca se atrevió a utilizar."
A mí el libro me ha gustado, a pesar de lo pesado que resulta que constantemente se repitan las mismas enumeraciones infinitas de epítetos referidos a Suárez, a Carrillo o a Gutiérrez Mellado; a pesar de esa manera de exprimir las comparaciones entre la personalidad de Suárez y el personaje de una película de Rossellini; a pesar de esos párrafos larguísimos que, en ocasiones, hacen muy densa la narración; a pesar de los datos que se repiten una y otra vez; a pesar, en definitiva, de poderse contar lo mismo con 100 páginas menos. Pero me ha gustado porque yo ignoraba muchas de las cosas que en él se contaban, porque supongo que, de haber vivido todo aquello, el libro no me habría aportado nada nuevo.
lunes, 8 de febrero de 2010
Me basta así, Ángel González.
Quizás porque sabe cómo y cuánto me gusta este poeta, del que confieso que conozco muy poco y al que tengo que leer más, una amiga decidió leerlo en la ceremonia de mi boda.
Hoy he estado cotilleando en la Biblioteca Virtual Cervantes y me he encontrado con su voz y con este poema. Ahora quiero compartirlo con vosotros.
Me basta así.
Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso-;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo, mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)
Disfrutad de la voz de su autor
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso-;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo, mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)
Disfrutad de la voz de su autor
jueves, 28 de enero de 2010
La media naranja

Os propongo una lectura. Se trata de una columna que apareció publicada el 30 de mayo de 2001 en el Diario de Cádiz:
La media naranja, José Antonio Hernández Guerrero
“La media naranja”, esa imagen metafórica tan tópica que todos usamos para referirnos al cónyuge, constituye, en mi opinión, un error de interpretación y, lo que es más grave, una concepción de la pareja seriamente peligrosa. Aunque es cierto que algunas mujeres y hombres buscan y encuentran un consorte que complete sus carencias, compense sus deficiencias, corrija sus defectos y solucione sus problemas; aunque es frecuente que se explique la unión matrimonial como una fórmula para nivelar los desequilibrios psicológicos, culturales y hasta económicos, también es verdad que la experiencia nos demuestra que esta receta compensadora aboca, en muchas ocasiones, a la frustración personal y al fracaso familiar.
No ponemos en duda que el ser humano es esencialmente imperfecto, indigente, incompleto, defectuoso y necesitado. Estamos de acuerdo en que, para “realizarnos”, para llegar a ser nosotros mismos, requerimos la ayuda de los demás, pero opinamos que esta colaboración, más que a remediar nuestras carencias o a aliviar nuestras dolencias, ha de contribuir a que cada uno despliegue todas sus facultades, supere por sí solo sus dificultades, alcance sus metas y logre su peculiar plenitud.
Como suele repetir Antonio Gala, “los seres humanos —cada ser humano—, hombre o mujer, joven o anciano, soltero o casado, no somos seres mutilados, sino que somos o debemos llegar a ser unos proyectos completos y unas obras acabadas”. Cada uno de nosotros encierra en lo más profundo de sus entrañas un diseño propio y un plan diferente que, con la ayuda de todos los demás acompañantes y compañeros, ha de desarrollar y cumplir. El proyecto común de cualquier tipo de personas —sobre todo de las que integran la unidad familiar— vale sólo en la medida en la que sirve para facilitar que cada uno de los miembros identifique y construya su modelo singular; para que viva su vida y para que logre su bienestar. Los cónyuges no somos medias naranjas, somos ... naranjas enteras.
Todas las universidades realizan cada año pruebas de acceso para mayores de 25 años, este texto formó parte del examen de Comentario de Texto que la Universidad de Alicante puso en el año 2001.
Llevo unos años preparando a personas que deciden entrar a la universidad "a destiempo" y, desde que descubrí este texto, lo comento cada curso en clase, porque nunca dejará de sorprenderme lo diferente que es el concepto de pareja que cada uno tiene.
Mis alumnos no son adolescentes sin experiencia en el amor. Son personas adultas, sensatas, responsables, exigentes con ellas mismas y con la experiencia que da la vida en las cuestiones de amor, pero también de desamor.
Llevo unos años preparando a personas que deciden entrar a la universidad "a destiempo" y, desde que descubrí este texto, lo comento cada curso en clase, porque nunca dejará de sorprenderme lo diferente que es el concepto de pareja que cada uno tiene.
Mis alumnos no son adolescentes sin experiencia en el amor. Son personas adultas, sensatas, responsables, exigentes con ellas mismas y con la experiencia que da la vida en las cuestiones de amor, pero también de desamor.
Me he encontrado en clase al romántico que lleva toda la vida con la misma pareja a la que considera su media naranja y sin la que se cree imposible de seguir adelante. Pero también con el que cree que si no está bien consigo mismo difícilmente lo podrá estar con su pareja.
Recuerdo con especial cariño a Juanra leyendo ante sus compañeros su opinión sobre el texto, defendiendo que, aunque su vida amorosa había sido muy azarosa y no tan estable como le hubiera gustado, no dejaría nunca de buscar a esa persona que le completase, que le diera la posibilidad de sentirse totalmente feliz. Aceptaba que lo primero era sentirse un ser completo de forma individual, pero asumía que él nunca se sentiría completo sin una persona que lo quisiese de verdad durmiendo a su lado.
Yo no tengo una opinión tan romántica al respecto y me identifico más con las palabras de José Antonio Hernández. Yo aspiro a ser una naranja entera cuyos gajos rebosen un dulce y refrescante jugo. Pero ese zumo solo puede saber a ambrosía cuando cada gajo se ha enriquecido con el cariño de la familia, con la fidelidad de los amigos, con el amor infinito hacia los hijos, con la alegría de los buenos momentos de la vida, con el sentimiento de no estar sólo ante las dificultades, con el placer del sexo, con el apoyo incondicionalde una pareja a la que amas, con tus deseos cumplidos... Yo quiero ser esa naranja gorda y rebosante de salud. Una naranja a la que nadie exprima, porque bajo su dura piel se esconde la más madura y sabrosa de las frutas.
Creo que eso es lo mejor que puedo ofrecer a la persona que quiero: ofrecerme como un ser pleno que, si decide amar a alguien, es porque realmente quiere hacerlo, sin dobleces, sin más intereses que los de enriquecer con mi amor el delicado zumo de la naranja que elijo como pareja.
martes, 19 de enero de 2010
Andorra en verano.
Hace unos años decidimos pasar allí una semanita. No teníamos muy claro dónde ir, pero sí teníamos clarísimo que no nos queríamos gastar demasiado dinero y Andorra en verano es muy, muy, muy barato. No recuerdo cuánto dinero nos costó, pero sí os puedo decir que la reserva la tramitó una agencia de viajes y que nos alojamos en un hotel de cuatro estrellas en régimen de media pensión en pleno centro de Andorra la Vella. En la agencia nos ofrecieron packs de multiaventura, por un poquito más tenías la opción de hacer escalada, rafting, descenso de barrancos, vías ferratas... Nosotros, que queríamos más un viaje de relax que cualquier otra cosa, escogimos uno en el que la única aventura que entraba era la utilización de los telesillas y telecabinas de un par de estaci
El viaje en coche fue precioso, una vez que pasas los secarrales levantinos y vas acercándote a los Pirineos el paisaje te regala estampas maravillosas. El paisaje de Andorra es precioso, nosotros disfrutamos caminando por la montaña, sentándonos a descansar a la sombra de los árboles que rodeaban a un río, visitando las pequeñas iglesias románicas que se conservan muy bien, fotografiándonos en los puentes de piedra, parando el coche en medio de la carretera para dejar pasar a las vacas... En definitiva, visitando las estaciones de esquí sin otra pretensión más que la de disfrutar de la naturaleza.
Pero hay una cosa que no se debe olvidar cuando uno está en la montaña: la cercanía del sol. Nosotros, acostumbrados a los cuarenta grados del verano alicantino, estábamos encantado con ese vientecillo frío que nos obligaba a ponernos una chaqueta. Recuerdo un día en el que visitamos unos
lagos. Nos fuimos con la mochila cargada de bocatas para pasar el día allí. Lo acabamos en una farmacia, completamente quemados por el sol, comprando un after sun. Aquella fue la noche más romántica de mi vida: los dos tumbados en la cama, desnudos y cubiertos con toallas húmedas que enfriábamos en la nevera del minibar.
Mientras las chicas nos fuimos de compras -Andorra ofrece muchísimas posibilidades en ese sentido- los chicos decidieron hacer algo distinto. De modo que alquilaron unas bicicletas de montaña y se pasaron la mañana bajando con ellas las pistas de esquí. Llegaron al hotel agotados y asustados por lo que se consideraban allí "pistas fáciles". Eso nos hizo plantearnos que, quizás, la idea que se nos había ocurrido, hacer un descenso de barrancos, no era demasiado buena. Así que decidimos satisfacer nuestro deseo de aventura con una ruta en quad. Estuvo muy bien, porque las vistas del paisaje que ofrecían los lugares por los que pasábamos eran increíbles. Lo único negativo que puedo contar, y no es ninguna minucia, es que allí todos sabían conducir aquello menos nosotros, nos dejaron los últimos y casi nos despeñamos montaña abajo... dejémoslo ahí.
Mientras las chicas nos fuimos de compras -Andorra ofrece muchísimas posibilidades en ese sentido- los chicos decidieron hacer algo distinto. De modo que alquilaron unas bicicletas de montaña y se pasaron la mañana bajando con ellas las pistas de esquí. Llegaron al hotel agotados y asustados por lo que se consideraban allí "pistas fáciles". Eso nos hizo plantearnos que, quizás, la idea que se nos había ocurrido, hacer un descenso de barrancos, no era demasiado buena. Así que decidimos satisfacer nuestro deseo de aventura con una ruta en quad. Estuvo muy bien, porque las vistas del paisaje que ofrecían los lugares por los que pasábamos eran increíbles. Lo único negativo que puedo contar, y no es ninguna minucia, es que allí todos sabían conducir aquello menos nosotros, nos dejaron los últimos y casi nos despeñamos montaña abajo... dejémoslo ahí.
Andorra la Vella es una ciudad pequeñita, pero llena de tiendas y de bares. No se puede decir que tenga mucho ambiente nocturno, o por lo menos nosotros n
o lo encontramos, pero resulta agradable pasear de noche por sus calles. Y, aunque el gran encanto de la ciudad sea el shopping, Caldea no deja de ser un lugar maravilloso para visitar.
Caldea es frío, calor y descanso. Así nos lo definió una de las chicas que trabajaba allí. El otro día veía unas imágenes del balneario en invierno y estaba completamente lleno y masificado. En verano no había prácticamente nadie. No tenía el encanto de esa piscina de agua caliente al aire libre y rodeada de la nieve, pero podías entrar al baño turco sin tener que hacer una cola de dos horas y sin tener que quedarte pegado al sudor de tu compañero de al lado.
Ahora que pienso como una mami creo que Andorra es una buena opción para visitar con niños. Las estaciones de esquí se llenan de actividades para ellos: tirolina, paseos en bicicleta, senderismo, hinchables, gincanas... La naturaleza te ofrece la posibilidad de hacer excursiones en las que observar animales, plantas, ríos. La ciudad te ofrece la opción de las compras y el relax. ¿Qué más se puede pedir?
Supongo que información sobre el Principado, aquí tenéis un enlace con su oficina de turismo.
Caldea es frío, calor y descanso. Así nos lo definió una de las chicas que trabajaba allí. El otro día veía unas imágenes del balneario en invierno y estaba completamente lleno y masificado. En verano no había prácticamente nadie. No tenía el encanto de esa piscina de agua caliente al aire libre y rodeada de la nieve, pero podías entrar al baño turco sin tener que hacer una cola de dos horas y sin tener que quedarte pegado al sudor de tu compañero de al lado.
Ahora que pienso como una mami creo que Andorra es una buena opción para visitar con niños. Las estaciones de esquí se llenan de actividades para ellos: tirolina, paseos en bicicleta, senderismo, hinchables, gincanas... La naturaleza te ofrece la posibilidad de hacer excursiones en las que observar animales, plantas, ríos. La ciudad te ofrece la opción de las compras y el relax. ¿Qué más se puede pedir?
lunes, 18 de enero de 2010
Y el 7 de noviembre nació Fran
Yo nací a los 8 meses de gestación, mi hermana se adelantó 2 semanas, mi madre y mis tíos también nacieron antes de la fecha que les correspondía; así que la abuela de la criatura se empeñó en que yo heredaría de su familia los partos rápidos y antes de la fecha de término. Tanto lo repitió que yo me lo creí, de modo que desde la primera visita a monitores, tres semanas antes del 7 de noviembre, cada vez que íbamos al hospital cargábamos en el maletero la bolsa con la ropita del niño, la mochila con mis cosas y el kit de extracción de células madre del cordón umbilical. Sin embargo, hay que decir que el ginecólogo siempre se conchondeó -literalmente- de mí cada vez que le decía que yo creía que nacería antes de la fecha. Así que allá íbamos los dos, ilusionados, espectantes, entudiasmados, pensando que nos quedaríamos allí porque yo tendría contracciones (aunque no las notase) y 2 ó 3 centímetros de dilatación. Ilusos.
La última visita a monitores la hicimos el 4 de noviembre. Viendo lo verde lechuga que yo estaba, el ginecólogo decidió esperar una semana más, nos citó para el día 11, si el niño no nacía antes, nacería ese día. En la puerta del hospital nos despedimos:
- Bueno, pareja, hasta el miércoles 11.
- ¿Quién sabe? Quizás nos veamos antes. Puedo ponerme antes de parto...
- Lo dudo mucho, pero ¿quién sabe?
Y mi chico, la bolsa del niño, la mochila de mis cosas, el kit de extracción y yo, nos volvimos a casa dejando nuestro gozo en un pozo.
Tengo que decir que desde la primera visita al ginecólogo congeniamos muy bien. Es un chico de mi edad (cosa que al principio da un poco de corte) un poquito friki. Dos tercios de los 45 ó 60 minutos que habitualmente duraban las visitas a su consulta los pasábamos hablando de cosas totalmente ajenas al embarazo: coches, ordenadores, educación, política, sus hijos, su mujer...
El 6 de noviembre decidí dar un paseo por la tarde, y mi bombo y yo fuimos a casa de mis padres. La verdad es que ya estaba hasta las mismas narices de esa barrigota y de los dolorcitos que me daban cada vez que me ponía a andar. Llegué a las siete de la tarde y encontré a mis padres viendo la tele. Me llamó por teléfono una amiga medio bruja que tengo y tocaron al timbre; eran mi tía Paquita , mi abuelo y mi prima Paloma. Bueno, pues justo en ese momento, en la entrada de mi casa, con el teléfono en la oreja y toda mi familia alrededor, rompí aguas (cuál película española de los 70). Y comenzó la locura_
Todas las mujeres de la casa decidieron que tenían que entrar conmigo al baño. Allí estaba yo sentada en la taza del water rodeada de mi madre, mi tía y mi prima completamente nerviosas. Yo no tenía ningún dolor y tampoco, inexplicablemente, ningunos nervios. Mi madre decidió que el pantalón del pijama, que llevaba con las botas, quedaba fantástico y, mientras tanto, mi padre avisaba por teléfono a mi chico que no daba crédito a lo que le estaban contando. Lo esperamos, metimos al coche la bolsa, la mochila, el kit y a mi madre y nos fuimos al hospital. Allá íbamos la familia Potato (lo que no nos pasa ahora, nos pasará en un rato), hablando por teléfono con el ginecólogo que dejó claro que, tal y como me había visto dos días antes y ante la ausencia de dolores, yo no estaba de parto.
Nos atendió una matrona que, tras examinarme y echarle la bronca a mi madre por quererse quedar a pasar la noche en el hospital, llamó al ginecólogo para decirle que no tenía ni un solo centímetro de dilatación y ni una contracción. De modo que decidieron dejarme toda la noche ingresada, con un goteo de antibiótico para evitar infecciones, para ver si me ponía de parto de forma natural.
La noche fue horrible: mi madre y mi chico estuvieron discutiendo durante más de una hora quién dormía en la cama y quién lo hacía en el sillón; mi madre no paró de roncar en toda la noche, Fran (padre) no paró de moverse en el ruidoso sillón de escai y yo no paré de hacer excursiones al aseo porque ese antibiótico me hacía sentir como si mi estómago estuviese en un parque de atracciones.
Por la mañana llegó el ginecólogo: un centímetro y medio de dilatación. Nada. Estuvimos hablando de las opciones posibles: un inducción o una cesárea. No se podía esperar más, ya llevaba muchas horas con la bolsa rota. Lo normal hubiera sido escoger una inducción, pero yo tengo una miopía muy alta. Las personas con altas miopías suelen tener lesiones en la retina y el esfuerzo de los pujos puede llevar consigo un desprendimiento de retina. Yo había consultado a mi oftalmólogo y me había dicho que tengo una retina perfecta, pero el ginecólogo consideraba que, para evitar cualquier tipo de riesgo, mi parto debía ser un parto con poco esfuerzo, un parto natural al que llegase descansadita y en el que bastase con dos empujones fuertes, un parto en el que cabía la posibilidad de utilizar palas. Provocar el parto habría hecho que éste llegase, como mínimo en 10 horas, y a mi ginecólogo no le pareció lo más conveniente: estaría muy agotada cuando llegase el momento y, además, ya eran demasiadas horas con la bolsa rota, lo que aumentaba el riesgo de infección. De modo que cesárea.
Enseguida llegó Fran, yo lo vi pequeñito y gordito, aunque todos me decían que era un bebé muy grande. Pesó tres quilos y medio. Salió llorando y estuvo llorando durante más de media hora. A él lo subieron primero a la habitación. Lo esperaban todos y el muchacho llegó llorando sin parar. Estuvo gritando hasta que yo llegué y oyó mi voz (esto lo cuento con mucho orgullo).
Todo fue muy bien, pero me faltó un trámite. Me faltó un paso. Me faltó parir. Ahora cuento esto y ya no lloro, pero durante las primeras semanas era algo que no paraba de rondarme la cabeza y el corazón. Siempre supe que existían muchas posibilidades de que Fran naciera por cesárea y, aunque cuando pensaba en contracciones prefería la cesárea al parto, todos hicimos lo posible para que fuera un parto natural. Para mí fue todo muy raro. Yo estaba tumbada y tan solo veía una sábana verde (y dando gracias, si el ginecólogo no me hubiera dejado entrar con gafas, no hubiera visto ni eso), escuchaba como hablaban entre ellos, gastaban bromas... Notaba los empujones que me daban en las costillas. De vez en cuando miraba un reloj que tenía a mi izquierda o la pared gris de mi derecha. Yo creía estar consciente de todo y con un control absoluto de mi cabeza y mis emociones, pero no era así. Cuando me mostraron a Fran no fui capaz de emocionarme, no fue un momento especial. Me perdí la alegría de que me lo pusiesen en el pecho. Me perdí la emoción en la cara de mi marido al ver por primera vez a su hijo. Me perdí la recompensa al esfuerzo ilusionado de estar trayendo al mundo a un hijo. Me perdí el parto.
La emoción por ser madre de una cosita tan preciosa llegó después. Ya en la habitación y pasado un tiempo (no sabría decir cuánto, pero no demasiado) dejaron a Fran en mis brazos, entonces le di el pecho por primera vez. En ese momento sentí que ese ser tan pequeñito y fragil era mi hijo. Recuerdo que miré a mi marido sin decir una palabra y que, en ese momento, decidí que quería dar pecho a mi hijo. Ese contacto fue el que acabó sustituyendo al trámite que la naturaleza puso y yo me salté. Ahora, dos meses y pico después, sigo amamantando a mi hijo, y cada vez que lo hago lo siento como algo mío. Reafirmo el sentimiento de que es fruto del amor y del deseo de estar juntos y formar una familia de su padre y mío.
Bueno, me seco la lagrimilla y paro aquí. Supongo que para las mujeres lo de contar su parto es como para los hombres narrar sus batallitas de la mili.
jueves, 16 de julio de 2009
Será chico y se llamará Fran.
Fran está creciendo y mi barriga también. Ya empiezo a ser un escarabajo que no puede levantarse cuando se tumba boca arriba. Esto es algo secundario, lo importante es que, desde hace unas semanas, noto cómo se mueve y lo nervioso que le pone que coma cosas dulces. Es ahora cuando me he dado cuenta, de verdad, de que espero un niño.
Me asusta todo: que esté bien, que el parto sea cortito, que tenga la nariz demasiado grande (tendrías que ver la napia que tiene en las ecografías), que sea muy cabezón.... El embarazo te convierte en una persona obsesiva.
Fran, el padre, está encantado con la idea de tener un retoño. Y el resto de nuestra familia, también. Pero se llevan la palma al embobamiento, mi hermana y mi madre. A mi madre están a punto de contratarla como ayudante de ecográfo, porque es la única persona en el mundo capaz de ver todas las partes de un niño en una ecografía en la que el resto de los mortales no ven nada más que manchas.
Hemos pasado la etapa de búsqueda compulsiva de información en Internet. De la que hemos sacado algunas conclusiones:
- Es mejor guiarse, casi exclusivamente, por las palabras del ginecólogo y olvidarte de lo que la gente escribe en la red, porque cada persona es un mundo y cada caso es diferente. No consigues más que asustarte, obsesionarte y volverte loco.
- Puedes conseguir las canastillas más ridículas del mundo si te inscribes a determinadas páginas. Tendríais que ver los dos tarritos de gel que me han enviado por mensajería, eso sí, tamaño casa de muñeca Barbie.
- Mi pareja es un excelente embarazado: se ha inscirto a una página y ahora le mandan todas las semanas unos correos electrónicos que comienzan diciendo: "Querido Fran, estás en tu semana XX. Ahora te encuentras pesado y el estómago..."
- Todas las ruedas, de todos los carros del mundo, se giran hacia un lado, no existe el cochecito perfecto.
- Todos los niños de las personas que escriben en los foros son los más guapos del mundo.
- ..... y así podrías seguir, seguir, y seguir, y seguir....
Ahora estamos en la etapa de los fines de semana temáticos: Hemos terminado los dedicados a la ropa prmamá, al carrito y al dormitorio. El próximo será el dedicado a la cuna, la silla-auto, la minicuna y la bañera. El lunes comenzamos con obras en casa. Y el resto en septiembre, ¡ya está bien! Porque os aseguro que es mucho más difícil comprar un cochecito para bebé que comprarte un automóvil. Os lo prometo.
Dejo para el próximo día nuestras aventuras con el ginecólogo...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
